Para avanzar como colectivo en la mejora de las condiciones de vida y de trabajo, debemos concienciarnos y promover nuestra propia acción preventiva. Para aplicar estos principios debemos tener en cuenta que para el trabajador autónomo, como para cualquier empresario, las medidas preventivas no tenemos que considerarlas como un gasto, sino como una INVERSION, porque el evitar cualquier Accidente o Enfermedad Profesional es rentable, ya que además de aumentar la calidad y la productividad, evitan costes humanos y económicos para el trabajador.
A parte de los costes humanos que mencionamos (muerte, lesión o enfermedad), los costes económicos se constituyen tanto por los que se pueden contabilizar objetivamente (material, gasto sanitario, reparación, pérdida de materias primas, sanciones administrativas...) como las que casi nunca tenemos en cuenta y son de muy difícil evaluación, se calcula y está demostrado que en un porcentaje un 400% más que los costes contabilizados objetivamente (horas perdidas de trabajo, de producción, gastos administrativos, pérdida de imagen, aprehensión al enfrentarse de nuevo al trabajo...)
Prevención inversión
Con todo esto, se deriva la conclusión de que la aplicación de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales constituye no sólo una obligación legal, sino un factor de competitividad, ya que hay que tener en cuenta que el accidente no es sólo un coste humano y económico, sino que es el resultado de la mala gestión de los recursos y de la actividad profesional.